El Cumplido

Photo by Daria Shevtsova on Pexels.com

FEBRERO 2017

Entró como vaguada sin aviso. Su cabello, una musaraña de preocupaciones. Su rostro perfilado, su pecho, una nube negra de inundaciones. El aire se le escapaba de los labios como vendaval enfurecido. Llevaba una postura elegante. Su ceruleano vestido parecía ondular ante los estruendos de su estrés.

“Buenos días, ¿podría usted, si es tan amable, sacarme una copia de los documentos que le entregaré en un momento?” Me dijo mientras rebuscaba  su cartera. Sacó unas gafas. Sacó una billetera de cuero. Sacó tres recibos. Sacó una peinilla. Sacó un rosario azul enrredado.

Excavó su bolso hasta que encontró el sobre con su certificado de nacimiento y una factura de agua. 

” Por supuesto dama. ¿A blanco y negro o a color?” le pregunté mientras ella volvía a guardar sus amuletos de desastre. Sus cadenas. 

” Blanco y negro por favor.” Me respondió con un suspiro. Cerró sus ojos y suspendió el peso de la frente sobre sus dedos mientras se masajeaba la sien. 

Saqué las copias de la máquina, acabaditas de hornear, aún calientes. 

” Veinte centavos.” Le dije mientras acomodaba los papeles.

“Ayyy..” respondió mientras volvía a rebuscar en su bolso por el menudo. Abría sus bordes, estiraba sus secciones. El mar de tediosas cotidianidades le ahogaba. Poco a poco se hundía más en la marea de sus posesiones. La tempestad se arrojó sobre ella como olas de maquillaje y chicles y llaves, de boletos de cine, de servilletas, de tapas de botellas de agua, de pinzas, de baterías. Jamás iba a encontrarse ahí. Estaba a un paso de desaparecer.

” Ese es un acento muy lindo el que tienes. ¿De dónde eres?” le pregunté.

Se detuvo. 

Alzó los ojos y me observó, perpleja.

” Pues… de Colombia.” Me respondió. Sus cejas acercándose sobre su ceño fruncido. Sus labios se estiraron lentamente como una media sonrisa.

Percibí su sospecha. La ansiedad de querer descifrar mis motivos. De querer descifrar mis intenciones. Percibí en su rostro, la indecisión. Suavicé el mío,  le respondí con el ceño relajado y una cordial sonrisa.

” Tranquila. No hay prisa. Siempre he considerado ese acento muy hermoso, muy elocuente.”

Se detuvo por unos segundos, y con los ojos aún perdidos en el hoyo negro de su cartera, sonrió lentamente.

” Gracias… Nunca lo pensé así.”respondió, casi como un susurro. Un brillito se formó a la esquina de su lagrimal. La tempestad pareció abrir un espacio de paz. Ante un profundo suspiro, sin pensarlo, ella calmadamente adentró su diestra en el bolsillo lateral de la cartera y sacó dos monedas de diez centavos.

” Gracias.” Repitió, esta vez con voz de mujer y no de tormenta.

Volteó, y cruzó la puerta. Caos en bolso, sonrisa en boca y viento en popa. 

Categorías:Poesías y Prosas

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