Seba sabe más que tú.

El mas reciente #sebasabemasquetu hoy llega con una reflexión completa.

Contexto


La cuarentena ha sido bien pesada para Sebastián. El es un niño social, y el aislamiento ha sido bien difícil para el. Claro, el ha compensado con videojuegos y Discord para hablar con sus amigos, pero todos sabemos que no es lo mismo. Es por esto que desde el año pasado Seba ha estado forcejeando con la ansiedad, ha tenido mucha dificultad para dormir, sus miedos han evolucionado uno detrás del otro. La oscuridad, la incertidumbre, la desconfianza, las pesadillas. El problema de la ansiedad es cómo las necesidades biológicas se esconden detrás de conceptos abstractos y existenciales. Es bien difícil tener esta conversación con un niño. Es bien difícil explicar los miedos y las preocupaciones sobre cosas que no podemos controlar. Es difícil enseñarle a un niño esa autoconciencia para discernir entre lo que es real y lo que es un miedo de algo que no existe. Porque el miedo lo sienten, el miedo es biológico. Como adultos es bien fácil desestimar el miedo de un niño a algo imaginario, pero ¿acaso no es eso la ansiedad?


¿Acaso la ansiedad no es el miedo de las proyecciones que te haces en la cabeza, esas que esas seguro que ocurrirán?

Seba ha sentido ansiedad por tanto tiempo, que el se acostumbró a tener un día a día con ella. Los días que duerme la noche entera corre donde mí en las mañanas para celebrar su victoria.
En ninguna manera soy experta en psicología pedagógica. Honestamente, todo esto ha sido un reto bien grande, aprender maneras para poder equipar a Seba, de algo que yo -ignorante que he sido- pensaba que era un mal de adultos, no de niños. Es por esto que durante todo el 2020, nosotros emprendimos un viaje de aprendizaje. He leído muchísimo sobre la ansiedad. Sobre diferentes estrategias, diferentes maneras para aprender sobre la autoregulación, sobre la autoconciencia. Durante esta búsqueda, Seba y yo hemos conversado mucho. Hemos tenido muchas conversaciones repetidas, y hemos explorado distintas vías para saber que acciones ayudan y que cosas no.

Exploré la medicatión con Seba. Tenemos unos videos escogidos de Mindfulness para niños, que honestamente me sorprendió lo mucho que a el le gustó y le ayudó. Después de esas primeras veces que lo intentamos algunas sesiones de 3-5 minutos, lo adoptamos como una de esas herramientas que sí funcionan. Seba y yo tenemos un acuerdo que durante el día, en cualquier momento, si el se siente ansioso, el puede venir donde mí y sacamos 3-5 minutos para poder meditar. Seba ha aprendido estrategias de visualización para manejo de ansiedad. Seba ha aprendido lo que hoy llamamos el «Checklist Mental». Esta lista la utilizamos antes de determinar que algo dentro de nuestro cuerpo esta fuera de lo normal. Antes de determinar que algo anda mal, nos hacemos 5 preguntas básicas para hacer basic trouble shooting:

  • ¿He tomado suficiente agua?
  • ¿He comido bien?
  • ¿He salido al sol?
  • ¿He hecho ejercicios?
  • ¿He dormido lo suficiente?


Este checklist mental, ha servido como buena estrategia para auto diagnosticarse, cuando la ansiedad amenaza con nublar la mente. Nos provee alternativas sencillas, fáciles. Toma, agua. Sal al sol. Come una fruta. Estas alternativas, tan sencillas, tan tontas, algunas veces hacen toda la diferencia. Cuando el cuerpo se siente amenazado y no sabe por qué, trata de hacer sentido de lo que siente, y comienza llenar los blancos con conjeturas. Esto es lo que nos lleva a sobreanalizar las cosas y a confundir la correlación con la causalidad.
Seba y yo hemos tenido conversaciones sobre la biología. Hemos hablado de cortisona, de adrenalina. Hemos hablado de endorfinas y oxitocinas y de algunos «bio-hacks» que podemos emplear para engañar al cerebro para producir lo que necesitamos cuando podemos identificar la ansiedad surgiendo. Seba ha aprendido sobre el te y le gusta, y le calma. Hemos tenido conversaciones con mis hermanos, que son neurocientíficos y que estudian el miedo en el cerebro. Hemos conversado mucho sobre las emociones también.

«If you feel crappy, it’s because that’s your brain telling you that there’s a problem unaddressed or an issue unresolved. In other words, negative emotions are a call to action. When you feel them, it’s because you’re supposed to do something. Positive emotions, on the other hand, are rewards for taking proper action.»

Mark Manson, The subtle art of not giving a f*ck

Hemos hablado sobre el hecho de que no existen emociones «negativas», ( algo que utilizamos la pelicula Inside out de Disney para explicar) y cada emoción tiene su función, y que no es bueno ignorarles, or pretender no sentirlas porque tiene una razon de estar ahi, si no las atiendes, empeoran. Hemos hablado del daño de embotellar las emociones, y que encambio deberíamos reconocerlas, sentirlas, identificarlas, y dejarles pasar. Seba y yo hemos tenido argumentos, Seba se enoja, se frustra, su mente corre a 100 millas por hora y se abruma. En esos momentos, yo le digo que esta bien que se sienta enojado o frustrado, que si quiere que vaya a su cuarto y se desahogue con una almohada, o que haga lo que tenga que hacer para sentir lo que tenga que sentir. Asi mismo el lo hace luego vuelve, mas calmado, con la mente mas clara, y con mejores palabras para poder explicarme sus frustraciones. Algo que también ha ayudado a Seba, ha sido el hecho de que tuvimos una conversación con la directora de su escuela, donde ella le explicó que lo que el siente es normal, y que no es el único niño en la escuela que esta pasando por esto. Los problemas de ansiedad han sido bien comun con muchos de sus compañeros, algunos que inclusive, han tenido que ser hospitalizados por ello. Mientras que esta información no es la más calmante, a Seba le ayudó saber que no era el único. Que no estaba solo. Una noción que hace algunas semanas el me comentó que quería discutir con la directora, era la posibilidad de crear un grupo de apoyo en la escuela entre sus compañeros para aprender sobre la ansiedad, y para que entre ellos puedan compartir que soluciones han funcionado entre ellos, que quizás podrían tener talleres de meditación, etc.

Antes de toda esta pandemia, Seba podía quedarse dormido en su cuarto solo, el buscaba su propio audiolibro, y se quedaba dormido escuchandolo. Luego que todo esto surgió, comencé a leerle todas las noches. Samuel le compró una sábana de peso, y todas las noches, tomo un libro y le leo hasta que se duerme. Hacen unas semanas atrás el comenzó a decirme antes de acostarse, que quizás a mi me parezca pequeño o bobo todo esto, pero que el me quería dejar saber lo mucho que el aprecia como yo le he ayudado con esto de la ansiedad. Que el que yo le lea le calma mucho, la sábana de peso le ayuda a dormir, las meditaciones, y todo, que el queria que yo supiera que significa mucho para el.



Anoche…

Los lunes son fuertes. Trabajo todo el día en la computadora, y luego tengo clase de 6:00pm a 10:00pm. Anoche estuve terminando un trabajo bien tedioso, 20 páginas de escrito, cada pregunta contestada. Terminándolo, me sentí muy bien porque, rara vez termino un trabajo con tiempo de sobra. Rara vez entrego un trabajo temprano. Tuve tiempo para revisarlo, corregirlo, releerlo, todo lo que se supone que haga, y más. Pero de momento, inesperadamente la aplicación de word reportó un error. Un glitch rarísimo y cerró por completo. Un momento reminisciente de aquellos días al principio del 2000, cuando no existía el autorecover, donde no existía el autosave, donde cuando se perdía un documento, se perdió.


Me quedé observando el monitor, se me subió la presión. «No..no, no, no, no, no, no….». Busqué por todos lados. Observé el reloj en Blackboard, el countdown del tiempo que tenía para entregar el trabajo. Observé el disclaimer del profesor «No se aceptará ningún trabajo luego de la hora de entrega, bajo ninguna circumstancia.». Rebusqué en todos lados. La ansiedad se me trepó por las nubes. «NO, NO, NO, NO» El documento simplemente desapareció. Lo pensé y repensé, como RAYOS explicar esto al profesor sin que suene como una mentir o una excusa? «Porqué no lo guardaste?» ES QUE SI LO GUARDÉ. El tiempo se me acababa, la frustración y la furia se me subió a los ojos como lágrimas. Ahí, ya aquellos sentimientos de satisfaccion y logro por terminar un trabajo a tiempo, bien hecho, bien acatado, desvanecido y reemplazado con sentimientos familiares de fracaso. Me estaba ahogando en mi propio charco. Ya, rendida ante mis circunstancias, Seba me llamó. Es hora de leer. Voy a su cuarto, y estoy visiblemente afectada. Seba me dice » Te escuché orita, estabas sorprendida, pero no en una buena manera… ¿Estas bien?» Como madre, el instinto que siempre sale a superficie es no mostrar debilidad, mostrar firmeza, ser ejemplo, dar ejemplo. Pero, anoche Seba comentó » Sabes que me puedes hablar, quizás yo pueda ayudarte en la manera que tu me ayudas a mí.» Me quedé mirándolo, confligida con las lágrimas de frustración que tuve en los ojos, enojada conmigo misma por mi propia reacción. Pero, ese fue un momento muy genuino de empatía, de un niño de 10 años. Le expliqué mi situación, lo que me ocurrió en un momento de vulnerabilidad, Seba me respondió » Entiendo lo que sientes, eso es bien frustrante. Si quieres te puedo prestar mi almohada, para que te desahogues, o podríamos meditar un poco juntos hasta que te sientas mejor. Me puedes dejar saber si hay algo que puedo hacer para ayudarte, solo quiero que sepas que estoy aqui para ti como lo has estado tu para mi.»
Fué un momento en el que vi en su rostro la acomulación de lo que el ha apendido durante este año. Todos los meses de confusión, de miedo, de frustración. Las semanas que dormía una noche completa, se emocionaba, pero la siguiente no y luego se sentía como si estuviera de vuelta al inicio. Lo vi en su sonrisa empática, y como por primera vez acuñó sus experiencias del 2020, sus lecciones, la información adquirida y con calma las empleó para ayudar a otra persona, no solo a sí mismo. A pesar de que mis emociones me dictaban que lo único que yo quería era estar sola y maldecir el mundo, y aislarme en mi propia tormeta de problemas que yo no podía controlar, con este fenómeno en frente pensé: «¿Cómo puedo desaprovechar esta oportunidad para demostrar, con acciones que todo lo que le he enseñado es universal? ¿Cómo podría yo desaprovechar el momento para demostrar que yo también soy humana, yo también me agobio? ¿Cómo podría desaprovechar la oportunidad para que él tenga esa experiencia de alumbramiento, la conexión tan única que provee la bondad?
A pesar de que todo dentro de mí insistía en otra cosa, me senté con el. Dialogamos. Meditamos. » Ven aquí mamá, toma un poco de esos feel good hormones» Me dice mientras me abraza. Oxitocina, le dije mientras lo apreté.

Y mi ansiedad, se desvaneció.

Es bien fácil perderse en esos momentos. Por mi rol de madre naturalmente me da miedo mostrar vulnerabilidad porque instintivamente siento que es mi responsabilidad proveerle estabilidad. Quizás sentimos que mostrar emoción es señal de debilidad, y esa debilidad se tradicirá a incertidumbre o desconfianza en los ojos de tus hijos. Es trabajo nuestro instruir, guiar, inspirar. Siempre pensamos que por experiencia, cae sobre nosotros el peso completo de decifrar todas las respuestas para ellos en todo momento. Es nuestro trabajo, ¿no?

Seba me ha enseñado que no.
Seba me ha enseñado, que criar un hijo no es darle las respuestas, sino darle las herramientas. Un hijo no es un pasivo, es un activo. Mientras mas espacio de crecimiento le das, aprendes poco a poco que el peso no tienes que cargarlo solo. Seba me ha enseñado un poco de humildad, a bajarle par de niveles en arrogancia cuando pienso que sé la respuesta. Seba me ha enseñado, que hay momentos donde tengo que detenerme, respirar, mirar al espejo y con una sonrisa admitir que…

«Seba sabe más que tu.»

2020: Síndrome de Impostor

He estado pensando estos últimos días, sobre el síndrome del impostor.
Es este fenómeno psicológico en el que la gente se siente incapaz de internalizar sus logros y sufre un miedo persistente de ser descubierto como un fraude.
Mientas voy revisando mi propia trayectoria, señalo de forma concreta cuales han sido mis hitos, mis fases, mis transformaciones. Uno a uno recuento mis fases, y en cada una reconozco un patrón. Por alguna razón, mi mente immediatamente identifica más fracasos que logros.

Me recuerdo sentada sobre la cama de mi amiga Michelle en el verano del 2015, llorando por que acababa de leer las noticias de que había perdido mi beca y no había terminado mi bachillerato y no tenía empleo. Me recuerdo ese último semestre, habiendo recibido una carta que detallaba que estaba en probatoria, que necesitaba pasar todas mis clases o me iban a suspender por un año de la upr, ese semestre que tuve un profesor que no me permitió tomar un examen porque tenía a Seba conmigo y el no aceptaba niños en el salón, quien también me dijo que no daba reposiciones y que me dijo que me diera de baja de la clase. Me recuerdo, con un ataque de pánico, porque al recibir esas noticias sabía que no podría terminar mi bachillerato, que terminaría en suspensión.

Me recuerdo perdiendo la cabeza en la mesa del comedor de Samuel, con la computadora, con solo minutos para poder someter mi tesis completa, recuerdo a Samuel diciendome «deja de ller y escribe, ya sabes suficiente.» y recuerdo mi instinto siendo, NO, NO SE. NO SE TENGO QUE LEER MAS.
Me recuerdo, cuando recibí las noticias de mi graudación, pensar que de qué valía, si estaba desempleada y sin dirección. No se sintió como un logro, se sintió como algo que se supone que hubiera terminado años atrás.Me recuerdo, caminando por San Patricio con Samuel a finales de septiembre del 2017, el único lugar que tenia luz e internet después del Huracán María, cuando recibí la llamada de que estaba despedida…



Me recuerdo el miedo y la verguenza de tener que explicarle a Sebastián que había perdido mi empleo.

Me recuerdo en septiembre del 2018, cuando la recien directora de recursos humanos de Dynamics Payments me llamó a su oficina para explicarme que «no había cumplido con el tiempo de probatoria», me dijo que podía irme temprano, que no me preocupase que me pagarían ‘el día completo’. Me recuerdo, llegando a casa, comencé a barrer. Cuando me entró un pánico familiar, «tengo que explicarle a Seba como fracasé, otra vez».

Una y otra vez, cada vez me caí, fracasando una y otra y otra vez. Por muchísimo tiempo, me fue casi imposible visualizar el futuro, más allá de un mes, tres meses, seis meses, un año. Mis expectativas se sentían demasiado abstractas, demasiado fuera de mi alcance.

Del 2018, sin embargo sí recuerdo una chispa de inspiración. Recuerdo el proceso de impresión, coordinación y presentación de la antología Boricua Beauty. Proceso que encendió curiosidad ante un camino, en el que siempre me he considerado fatal: Planificación Estratégica. Pensé que en cada lugar donde he trabajado, he tenido un instinto de identificar innovaciones y mejoras a los procesos, quizás, podría aprender un poco más alla de este campo.

A pesar de haber perdido mi empleo, recuerdo que tomé un curso en la Universidad Politécnica, un curso titulado Certified Associate in Project Management, que cubría las bases y elementos de Project Management. El curso estaba diseñado para preparte para tomar el exámen de certificación. Pero, al terminar el curso de 5 semanas, pensé ( como siempre pienso..) » No se lo suficiente… Necesito saber más…»


Fue entonces que comencé a leer mas al respecto. Había perdido mi empleo en octubre, y no fue sino hasta diciembre que conseguí una entrevista para trabajar en Intervoice, una compañía que se especializa en IT Project Management.

En 2019, comencé a trabajar.
En el verano del 2019 comencé mi maestría en administración de empresas, con un enfoque en Project Management.

En Octubre del 2019, logré obtener suficientes ahorros y el ingreso estable suficiente, con una pareja excepcional y encontramos un apartamento donde nos podríamos mudar. El contraste más grande entre el octubre del 2018 y el 2019, este año yo no tendría ese miedo de pensar en cómo explicarle a Seba que su madre habia fracasado nuevamente, sino todo lo contrario. Este año por primera vez, le mostré nuestro nuevo hogar, uno con un cuarto que el no tendría que compartir. Su propio cuarto, su propia cama, su propio escritorio y su propio televisor.

Y su propio reguero…

En el 2020, antes de que comenzara la pandemia, recibí un ascenso en mi puesto. Este año, ha sido testimonio de resiliencia, de bendición, de apreciación de lo que tengo, y de lo que he luchado. Porque a pesar de todo, aún retuve mi empleo, aún retuve mis estudios y Seba retuvo los suyos. A pesar del increíble reto de poder trabajar remoto, de estar pendiente de las clases y tareas de Sebastian, de tener que estudiar remoto también, de tener que buscar la manera de balancear todo con las tareas del hogar ( cosa que, Samuel puede dar testimonio que lo dificil que ha sido), aquí estamos.

Aquel curso que tomé en el 2018, donde no me pensé apta para tomar el examen de certificación, fue este año, el 2020, dos años después de yo haber dicho «No sé lo suficiente…Necesito saber más…» que finalmente tomé el examen. Un exámen que justo la noche anterior yo le repetí a Samuel, «Muchas personas no pasan la primera vez, es posible que no lo pase, no esperes que lo pase, no he estudiado lo suficiente…», que Samuel en su bendita paciencia me repetía que me iría bien… y el 19 de diciembre, luego de tres exasperrantes horas de examinación, presioné el botón de «submit» y al instantáneo la pantalla mostró las felicitaciones por haber pasado el exámen. Por tres largos minutos recosté mi frente sobre el escritorio y lloré.



Lloré porque yo estaba tan segura de que fracasaría. Estaba tan segura, tan lista para intentarlo nuevamente el año entrante, estaba mentalmente preparada para volver a tener esa conversación con Sebastián, estaba segura que todo esto que había estudiado, había sido solo en superficie. Estaba segura que, era un fraude, que estos resultados me revelarían la verdad, que este examen me expondría como la impostora que realmente soy. Un fraude con labia, capaz de engañar a los demás, pero no a un exámen… no a un exámen…

Lloré, y respiré hondo. Observé los papeles donde tenía todas mis notas. Mis diagramas, mis códigos coloridos. Mis libros, el PMBOK, el Agile extension, mis libretas universitarias, mis portafolios sometidos, como si fuera la primera vez, me di cuenta que yo había estudiado por dos años consecutivos, un campo que era completamente ajeno a mi persona. Sin fundamentos de administración, sin base, me tiré de pecho, a quemarropa, y frente a mis ojos estaba viendo el resultado, a pesar de que horas antes me sentía igual de incapaz que hacen dos años atrás.

Recuerdo la reflexión que había publicado a inicios de este año.
Recuerdo vivamente que aspiré a enrriquecer mis ambiciones, recuerdo que aspiré a la paz, la pasión, y la perspectiva, y en parte pienso que cumplí con ese propósito.
Se que este año la pandemia me regaló tiempo para redescubrir el arte y otras formas de apreciar la paz. Se que este año he aprendido sobre los mecanismos de mitigación de ansiedad. He aprendido nuevos niveles de comunicación, de desacuerdos, de miedos y de encantos. He descubierto nuevos niveles de gratitud, de lenguajes de amor, de desempeño y de visibilidad.

He aprendido otros matices de paz, pasion y perspectiva.

Este año, me parece que tengo mis ambiciones mas detalladas, pero he dejado mis sensibilidades en carencia. Me he dejado reinar por el miedo por demasiado tiempo. La inseguiridad de la insuficiencia, el dolor de la decepción. Me he dejado reinar por ese desespero ambiguo, esa persecución de algo de lo cual yo pueda sentirme orgullosa. Este año quiero aprender a reconocer-me. Reconocer los logros que he desacreditado por tanto tiempo. Reconocer que quizás, he internalizado crueles estándares de valor intrínseco de una forma enfermiza. Reconocer que hacer conciencia de nuestros logros, no es una señal de prepotencia sino que es saludable reconocer-se.

Mi abuelo siempre dijo que lo más importante es amar al prójimo como a sí mismo, y ser misericordioso.

Quizás este es el año que pueda aprender a ser misericordiosa, pero conmigo.
Me he sentido impostora, sí. Pero quizás no por insuficiencia, sino por mis propios crueles estándares de desempeño.

Este año, entonces aspiro a la misericordia.
Porque más allá de la ambición, de nada vale la paz, la pasión o la perspectiva, si la misericordia no entra en juego.

La Fuente

FEBRERO 2018

Una de las cosas que he estado pensando es en cómo la percepción de nuestra realidad cambia dependiendo de ciertos químicos en el cerebro. Las asociaciones simbólicas con la realidad dependen seriamente de la amigdala, de la serotonina y dopamina, y si en esta vida un individuo quiere sentirse autosuficiente y self-aware, tiene que estar expresamente consciente de los mecanismos que construyen nuestra percepción.

La melancolía, la tristeza y la nada, son adictivas. Son como ninfas del ultramundo que te hipnotizan sin darte cuenta. Que noción tan extraña esa, el estar adicto a lo que combates ( si es que lo combates). 
Por eso hay veces que aunque la depresión convence tu cuerpo de estas exhausto, es necesario retar lo que percibes y moverte, salir al sol y forzar los mecanismos biológicos a que secreten las hormonas necesarias para funcionar. Ese tipo de meta consciencia es extenuante. Es como estar consciente de que respiras todo el tiempo y tener que hacerlo manualmente mientras haces todo lo demás cuando debería estar automatizado.
Que locura esto de estar consciente de que tu cuerpo de engaña! Es como vivir en una ilusión óptica y tener que recordarte todos los días de no confiar en nada de lo que ves.
Nada de lo que sientes es real. Es un desbalance químico que tienes que ingeniártelas para someter a tus demandas. Pero para eso tienes que estar consciente.
Ese es el verdadero precio del saber. Sentirte como una computadora media rota.
¿Alguna vez has presenciado a alguien ser feliz y pensar
“ Que idiota. Que ignorante. Esa persona no está consciente de quién es ni donde vive»

Es eso. Ese tipo de pensamiento, correlacionar la felicidad con la ignorancia y la estupidez lo que te mantiene infeliz.
Por que, claro “ No hay nada peor que ser estúpido o ignorante.” ¿Verdad?
No, de verdad que no. Asociar la felicidad con la idiotez no es algo saludable. Es parte de esa ilusión óptica. Es parte de ese sutil descenso deliberado a la miseria, la que se ha romantizado como meta crucial para ser un buen artista. No hay nada como el dolor para hacer buen arte.

No, eso no es así. Y yo lo sé. Esta dicotomía, la guerra entre el pensar y el sentir, se define así, así, como disonancia cognitiva, como el peor uso de la imaginación.
Un buen artista vive del arte donde otros no lo ven. En una hoja caída, en el pueblo olvidado, en una fuente vacía.

Eso me recuerda cómo hace varias semanas decidí una noche decidí ir al Centro de Convenciones. No adentro, afuera hay una fuente y un estanque un camino tranquilo por donde caminar. Nunca he entrado al centro, las afueras tiene unos espacios donde se esconde una magia.  Una magia hidden in plain sight. Un lugar tan público pero ese pequeño parque frente siempre esta vacío. Tiene un paseo tablado sobre un estanque. Tiene un pequeño local abandonado que parece tener diseñada una tarima sobre varios metros de grama. Esas esquinas recónditas han sido mis lugares favoritos para pensar hacen varios años, van siete o seis años desde que lo visito para pensar. Pero cuando fui a visitarlo hace poco, me dio una ola de tristeza que no pude aguantar el llanto. La fuente y el estanque estaban drenados, por el huracán María. Y con ese drenaje quedó expuesta la maquinaria de la fuente. El esqueleto de la fuente. Fue como un mago revelando cómo hace sus trucos. El espíritu de mi recóndita esquina se había escapado. Solo quedaba un hueco gris, una tarima con basura, y un paseo tablado frente a una piscina de piedras. Me sentí tan amargamente reflejada en ese vacío que tuve que irme.
No pude soportar eso.
¿Pero ves? De esto hablo. Ese momento tan miserable y tan triste y tan gris es parte de el miserable filtro de ese desbalance. La poesía se encuentra en donde decided verla, y la decisión es gran parte del arte. Es lo que  le da poder.
Aún no he vuelto, pero quizás vuelva un día pronto para reajustar mis asociaciones y reencontrarme con la magia que me hace Krystel.