Ventanas y Espejos

NOVIEMBRE 2019

La mayoría de las veces que escribo, lo hago desde una posición añorante, casi como si la escritura fuese el vehículo de mi deseo. De hecho, creo que la escritura fue el primer vehículo que aprendí a conducir para manifestarlo una vez estuve consciente de el. El color, las letras, las huellas han sido mis cómplices de ansias. Las libretas en blanco que tengo guardadas bajo mi cama me acusan constantemente de la violencia que es el silencio. Me recuerdan que, no se debe estacionar un vehiculo sin encender su motor por tanto tiempo, o este se deteriora poco a poco hasta que un día, no se enciende más. 

Algunas veces pienso en cómo fragmentamos nuestros recuerdos. Por lo menos yo siento que puedo percibir mi crianza y mi crecimiento simultáneamente desde el punto focal de los eventos transcurridos y el punto focal de ese yo que los procesaba. Es interesante como nuestra mente funciona como un repositorio de momentos, una maleta con recuerdos comprimidos y espejos oxidados. Pero el arte…El arte es un mecanismo de indexación que nos permite navegar el mapa de nuestra vida, nos permite revivir los hitos mas importantes de nuestra transformación existencial, nos aleja de la soledad tan aberrante que se asoma cuando las memorias no están acompañadas de ese auto-descubrimiento, de esa consciencia de vida.
Algunas veces me siento y pienso en la normalidad de mi día a día. Mis aspiraciones empresariales, mis responsabilidades, la secuencia de acciones repetitivas y la cantidad de rutinas que se dedican mayormente al mantenimiento o a la superviviencia. La prisa es enemiga de la perspicacia. La prisa es enemiga de la comprension, de la substancia acogedora que deletrea para nosotros el propósito de nuestros esfuerzos. La prisa es aliada de la procrastinación. Juntas se complementan en la escena ordinaria. La prisa no deja oportunidad para la conciencia de la añoranza, solo te permite una contínua e insinuada sensación de un vacío que no puedes identificar hasta que hagas tiempo para reflexionar.

Estuve una semana con mi familia en la ciudad de Nueva York, y en el avión de vuelta tuve la oportunidad para emplear esa reflexión. Sobre el viaje. Sobre el frío. Sobre la prisa. Sobre mi crianza. Mi viaje podría resumirse en pequeñas viñetas de momentos: una visita al MET que duró 30 minutos, una fría caminata por Central Park, un debate sobre el consentimiento, dos Pavos y una niebla invasora de aliento condensado y marijuana abarcadora.
De toda la semana, solo recuerdo 15 minutos de paz. Fueron 15 minutos hurtados de los 30 antes mencionados en el MET. 15 minutos de Soledad. Silencio. Arte. Un momento escapado de la manada que queria mantenerme agarrada a su paso. Fueron 15 minutos ( con prisa) de aprecio, de espacio ligero. 15 minutos de calentamiento al motor de la añoranza. Mi propia ventana Castel.

Caminando entre las pinturas de la colección europea, me crucé con una pieza que me cautivó.
La pieza se titula ” La Magdalena Penitente” o ” La Magdalena de las dos llamas” por el pintor francés Georges de la Tour. La pieza muestra una mujer sentada en la penumbra, observando el vacío, una caravela sobre su regazo, y una vela encendida en la oscuridad, reflejada por un espejo ( razon de la doble llama). Me senté frente a esta pieza la mayor parte de mi escape. Observando su obscuridad, percibiendo su peso cada vez mas marcado sobre mis pupilas. La vela, la unica fuente de iluminación, su cuerpo de pierde en la oscuridad, pero su reflejo en el espejo concretiza su presencia. Y entonces me pregunté: ¿Acaso esta pieza me cautiva por que me identifico con la Magdalena, o con la vela?
¿No es este el discurso con el que mentalmente debato en mi adultez? El destinatario de ese vehículo que se rige de añoranza, acaso no es ( en parte) visibilidad? ¿No es el arte el que refleja la realidad? Esta llama que llevo dentro me ilumina, sin embargo, es mi reflejo el que tiene mas consistencia. Mi cuerpo se mantiene en constante movimiento, un blur desapercibido por el cantar del reloj. Pero mi reflejo, ese que construyo yo misma, es el que realmente tiene sangre, carne y espina. Puedo verme ahi, en el espejo que se convierte en ventana, y en ese estirón desde el frío puedo sentir mi añoranza volver a encenderse. 

El resto del viaje se eclipsó con esa ventana escondida en mis entrañas. Me vi mas callada, encogida del frío y el ruido.
Y entonces me devuelvo aqui.

A esta peregrina del tiempo, donde tengo escondida las llaves de mi vehiculo de saudade. Donde puedo tomar un momento para recolectar mis piezas y reflejarlas, iluminarlas y enmarcarlas.

Despues de todo, eso hemos sido todo este tiempo:

Ventanas y Espejos

Categorías:Diarios

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