Cómo combato la Depresión

Hace mucho tiempo que he querido escribir esta entrada. Llevo masticándola en mi cabeza por innumerables horas. Horas conduciéndo en tráfico a solas, horas en conversaciones frustradas con mis allegados, dándome golpes en la cabeza pensando en lo difícil que es superar la depresión.

El National Institue of Mental Health tiene un resumen muy básico de lo que es la depresión. Sin embargo no vengo aquí a definirla. Lo he hecho demasiadas veces, no hay necesidad de fortalecer su plataforma. La depresión realmente es una experiencia que es particular para cada quién que la percibe. Todo comentario que aquí expreso, es pertinente solo a la mía.

midsection of man

Hace un año aproximadamente, finalmente me atreví a admitir que quizás, quizás necesitaba ayuda. Ayuda para canalizar esa desesperante lucha que me apretaba la tráquia cada vez que intentaba pensar en el futuro. Para mí nunca ha habido algo más agonizante que la nada, o los sentimientos de vacío y falta de propósito. Siempre me he recostado de mis ciclos de mente en blanco y mente creativa. Llevo añoa acostumbrada a polarizarme entre meses de intensa productividad, creatividad, creación y energía vs meses de vacío, de nada, de cansancio, de complejos, de fracasos.  Ese ha sido el resumen de mi vida, mi mente categorizaba mis ciclos, mis emociones por la parte del ciclo en la que me encontraba. Cuando el ciclo del vacío se extendió cada vez más y más comenzaron los ataques de ansiedad, de pánico, la despersonalización, los pensamientos intrusivos, los pensamientos suicidas, la insomnia, la nada se volvía mi todo y yo no sabía cómo escapar. Sin embargo, lo que ahoga no es no saber cómo salir de eso, muchísima gente te dará un sin número de maneras y soluciones. Es lo más común en el internet, saturarnos con listas y manuales para superar la depresión. Ese no es el problema, el problema es encontrar las ganas de querer salirte de la depresión.

Esto es algo que no leo en ninguna parte y me parece insensato que no se considere.
Ha sido mi experiencia que la depresión es adictiva.

Quizás es una frase controversial, pero es una revelación que me ha ayudado tanto en superarla. Claro, aún vivo con ella todos los días. La tengo encerrada en la parte de atrás de mi cabeza, hablándome en voz baja. No soy psiquiatra ni experta en manejarla. Pero esta es mía, y el poder para hacer algo al respecto resta solamente en mí.

Leo muchísimo en las redes sociales entradas que abogan por la conciencia de la depresión, abogan por la paciencia, por el acomodo razonable de quienes la sufren. Abogan por hacerle visible al público de que sí, es algo real, no, no es un arranque de tristeza que ha sido hyperbolizado. Sí es una enfermedad real. Sí que lo es.  Sí está estigmatizada, sí se subestima, se desatiende, se desconoce. Sí.

Pero tampoco es una condena perpétua.
No es una maldición eterna, y ese es el problema del approach que se le da a la concienciación de la depresión. Se vende como algo sobre lo cual aquellos que sufren de ella, no pueden hacer nada al respecto y por eso tenemos que acomodarnos a su depresión.

No estoy deacuerdo.
No estoy deacuerdo con ese acercamiento.
No estoy deacuerdo con promover la facultad más peligrosa de la depresión: la que te convence  de que no tienes la capacidad de superarla, la noción de que no tienes control, agencia, que no tienes la responsabilidad de hacer algo al respecto.

Si, responsabilidad. Nota que no dije culpa, sino responsabilidad.
Muchas veces tenemos la responsabilidad de atender cosas que no son culpa nuestra. Pero tenemos la postestad de hacer algo al respecto.

De ninguna manera subestimo la gravedad de las situaciones de otros. Tampoco niego la necesidad de medicamentos, inclusive abogo por la medicación. Solo que no se debe ver como una cura. Los medicamentos no son una cura para la depresión, son una herramienta que te facilita que tu mismo la manejes. Los medicamentos deben ser acompañados por psicoterapia, por el ejercicio de reflexión, por ejercicios de cambios en el comportamiento cognitivo. Tienes que estar dispuesto a aceptar que para no depender de los medicamientos, para no vivir complaciente con tus circunstancias el esfuerzo debe ser tuyo.

Esto es lo más difícil de aceptar. Suena tan simple decirlo, heróico inclusive, pero la cosa es que para nosotros mejorar, tenemos que tomar unas decisiones que no son las más divertidas ni las más heróicas. Son decisiones que dependen de constancia, de persistencia, de enfoque y de disciplina. Como escuché en una caricatura hace poco  y parafraseo “There’s nothing fun about maintenance”.  No hay nada drástico, no hay soluciones rápidas, no hay trucos, ni magia, ni pastillas que te salven de la depresión. No lo hay. Lo que hay es una cuesta arriba que será aburrida y tediosa escalar. Pero para mejorar, hay que escalarla. No queda de otra. Verás a otras personas ejecutar las cosas mas sencillas de la vida cotidiana sin esfuerzo alguno, mientras que si te levantas de la cama y de das una ducha ya se por sí se siente como una gran victoria.
Pero lo es.
Sí que lo es. Darte una ducha, vestirte, ir al trabajo, ir a la universidad, comer, lavarte los dientes, son victorias, y son logros que no se deben subestimar.

Por mi parte, me encontraba llorando en mi carro, varios días a la semana. Sin ganas ni razón de ser, sin propósito, sin rumbo, solo el peso de mi potencial sin las energías ni la dirección para desarrollarlo. Sufriendo las reacciones abyectas de un cuerpo que reaccionaba sin mi permiso como si estuviera en peligro. La presión subia, los músculos de contraían, me congelaba como reaccionando a una amenaza que jamás llegaba. La incertidumbre de mi futuro alimentaba mi ansiedad, mis faltas de energía me dejaban vulnerable al ataque, y el pánico era rey. Lo sufrí y aún lo sufro.

No tenía plan médico, ni empleo, ni dinero para ir a un psiquiatra para que me diagnostique. Solo tenía un diagnosis preliminar de una psicologa de hacían meses que me sugería que había estado deprimida por muchisimo tiempo, y que también expresaba síntomas de bipolaridad.
Más allá de algún diagnosis incompleto, ( digo incompleto porque dejé de visitar a la psicóloga cuando decidió utilizar una de nuestras sesiones para Reiki cuando yo había ya mencionado que no me interesa la terapia alternativa y que no creo en el Reiki) lo único que yo tenía eran ganas de salir de esta jodienda.
De no seguir en las mismas. De estar dispuesta a aceptar no solo que las circunstancias aportan a mi estado anímico, sino a aceptar que quizás soy yo el problema, y pero más aún, comprometerme a hacer un cambio.

Luego de mucho leer y considerar, comencé a desarrollar pequeños hábitos que me permitieran sobrevivir antes de tener acceso a un psiquiatra. Pensé en aquella cita, la que dice que el mantenimiento no es divertido y decidí reenfocar mi mirada para observar mi cuerpo como un ente separado de mí. Me observé como una máquina, una computadora, algo que puede repararse y puede ser reprogramado a voluntad. Comencé a observar mi depresión como desbalances químicos, fallos en la tubería de mi cerebro, y los pensamientos que más me acosan, como consecuencias de estos fallos. Comencé a considerar que algunas veces tienes que engañar al cuerpo para que funcione como necesitas. Forzarlo a producir las hormonas que necesitas. Retomar las riendas del cerebro, y no dejarme ser víctima de este.

Muchas veces hemos leído que a las personas con depresión se le sugiere que hagan ejercicios, y mejoren su dieta, y muchas veces he leído sobre personas que subestiman este acercamiento. Claro, esto no es una solución, pero si es necesario. Es questión biológica. La falta de sol que viene a consecuencia de querer estar encerrado todo el día ( como usualmente se siente cuando estás deprimido) te provoca deficiencia de vitamina D que aporta a la debilidad muscular y la falta de energía. Hacer ejercicios obliga a tu cuerpo a soltar endorfinas que necesitas para sentirte bien. Comer saludable en vez de comer fast food todo el tiempo te provee las energías y la nutrición necesaria para no sentirte cansado todo el tiempo. Las deficiencias vitamínicas son parte de las consecuencias de la depresión, porque la depresión jode con tu apetito. Las deficiencias vitamínicas tienen una extensa rama de síntomas que se mezclan con la depresión y la empeora. Es bien fácil desarrollar hipocondria cuando estas deprimido y no comes bien. Si comes bien, si haces ejercicios, si duermes bien ( hacer ejercicios ayuda al descanso), si tomas agua, todas estas cosas que son pendejamente sencillas son parte de la estrategia necesaria para combatir la depresión. No son una solución, pero son elementos que deben estar presentes si queremos vivir una cotidianidad saludable.

Antes de yo tomar alguna decisión sobre mi depresión hago una lista mental para poder decifrar el porqué me siento como me siento:

¿Tomé agua?
¿Comí bien?
¿Hice algo de ejercicios?
¿Dormí bien?
¿Salí al sol?

El mantenimiento es aburrido y a nadie le gusta. Es tedioso y mecánico, pero la importancia de esas cuatro cosas se ve tan subestimada. Son cosas simples, cosas de las cuales si podemos hacer algo al respecto y aunque no lo parezca, aunque parezca algo pendejo, funcionan.  Porque vivir una vida sin depresión no depende de los medicamentos que tomes por cierto tiempo, sino de un lifestyle. También, crear una rutina de cosas que haces todos los días ayuda con la ansiedad que acompaña a la depresión, porque poco a poco elimina parte del elemento de de incertidumbre que da via libre a la mente para jugar con sus insistencias fatalistas.

Vivir con depresión significa que todo será más dificil para ti. Significa que tendrás que cambiar de automático a manual, porque la opción automática de tu cuerpo está defectuosa. Significa reaprender a respirar. Significa que tendrás que obligarte a hacer cosas, y tu cuerpo  te resistirá. Porque la depresión es adictiva, por más que tu quieras mejorar, tu cuerpo no lo querrá. Tu cuerpo se siente cómodo en su estado deprimido, tu cuerpo se siente a salvo, tu cuerpo solo quiere envolverse en las sábanas y dormir y no hacer nada al respecto. Pero es tu responsabilidad disciplinar a tu cuerpo como si fuera un niño. Es tu  responsabiliad desarrollar el hábito de hacer las cosas aunque no tengas las energías ni la motivación ni las ganas para hacerlas. Para eso es que existen los medicamentos, para facilitarte ese proceso de toma de decisiones.

La depresión es mucho más compleja de lo que estoy describiendo. No es solo una falta de energías, o propósito. Como mencioné, es particular para todo aquel que lo sufre. Pero antes poder bregar con otros componentes de la psicoterapia para que puedas llegar al núcleo de tus congojas, es importante que desarrolles los hábitos que te proporcionen el apoyo biológico necesario para poder mejorar. El lifestyle que lleves es crucial para tu mejora, y esas cuatro cosas en la lista siempre siempre estarán al tope. Los próximos pasos después de corregir esas deficiencias en tus hábitos, serán más personales y más dirigidos a rediseñar los valores a través de los cuales percibes la felicidad, el éxito y el propósito. Establecer metas a corto plazo que te permitan pequeñas dosis de realización, que generan el momentum para seguir adelante.

Yo sé que tengo la depresión en mi cabeza todos los días repitiéndome que soy inútil y que soy un fracaso. Tengo mis altas y mis bajas y tengo unos días que son mejores que otros. No hay un camino fácil ni seguro. Lo único que hay es la insistencia.

Hoy en día me siento mucho mejor de lo que me sentí un año atrás.
Pero si quiero asegurarme de no volver a ese estado, se que mis esfuerzos no son temporeros, son permanentes. Mis circunstancias no siempre las puedo controlar, pero por eso tengo que enfocarme en las cosas que sí, y hacer lo mejor que puedo.

Estoy terminando una jornada de trabajo, y  aunque no quería escribir todo esto, aunque las energías no me daban para hacerlo, lo hice. Todos los cambios que he implementado, te juro que no los quería hacer, ni un poquito. Me jodí la rodilla haciendo ejercicios, todavía no puedo discernir la diferencia entre las ganas de comer por ansiedad o el hambre de verdad y todavía las rutinas algunas veces me fallan. Pero hoy sé que a diferencia de un año o dos atrás, quiero vivir, quiero crecer, y quiero mejorar.

Eso es una victoria en el combate contra la depresión, que nadie en el mundo me puede quitar.

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