Perspectiva

Una de nuestras [Des]integrantes invitadas, vuelve para tocar base con la crisis de los inmigrantes detenidos en el borde de los Estados Unidos. Carmen Angélica busca, aún desde un lente emotivo busca un acercamiento sobrio y balanceado para analizar estas incidencias. Reflexionemos con ella:

 

 

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Perspectiva

Por: Carmen Angélica

Indignada. Así me sentí cuando escuché el audio de ocho minutos de los niños inmigrantes que lloraban por no ver a sus padres. Tuve que tomarme unos minutos para desconectarme de todo lo que pasaba a mi alrededor para pensar en lo que había escuchado.

Pasaban las horas y tanto el audio como varias imágenes del mismo salían a la luz en todos los medios de comunicación. Seguía mirando, leyendo, escuchando… Incluso discutimos el tema en casa porque este, al igual que muchos otros asuntos, ameritan unos minutos de pura conversación y análisis crítico. Entiendo que la inmigración en Estados Unidos es un asunto que se debe atender y también me está claro que si una persona toma la decisión de entrar a un país sin la documentación que se requiere (ósea de manera ilegal), debe atenerse a las consecuencias. Sin embargo, estoy completamente convencida de que el procedimiento adquirido para lidiar con esta situación no es el correcto. ¿Por qué separar a un infante de su progenitor para devolverlo a su país? ¿Qué seguridad le pueden dar a esas familias de que se volverán a reunir una vez deportados a su lugar de origen?

Dentro de toda esta polémica y las varias conversaciones que he tenido sobre el tema, me preocupa la manera tan extraña en que varias personas toman el asunto. “Divide y ganarás”, fue uno de los comentarios que me dijeron mientras conversaba sobre el tema. El mismo era para explicar la forma en que se separaban las familias.

“Te van a tener más tranquilo si te dicen que se llevarán a tu hijo/a a un lugar aparte en lo que se resuelve el asunto. Si te tienen a ti y a tu familia juntos y encerrados tu vas a estar igualmente tranquilo, pero vas a tratar de buscar por todos los medios una forma de salir porque esa es la naturaleza humana”.

Ese comentario me ha retumbado la cabeza todo este tiempo. Y aunque el mismo tenga cierto sentido hasta cierto punto, no quita el hecho de la forma en que se están tratando a estas personas es errónea. Esto va mucho más allá de lo erróneo por ley, esto es moral. Es tener un sentido de humanidad y piedad por esas familias que sabrá Dios la manera en que las trataron. Es como si se pretendiera que no hubiese otra manera más sensata, más sensible de bregar con esta polémica. Y más si son niños. Estos niños no pidieron ir a los Estados Unidos, solo siguieron a sus padres. Ellos quizás tenían algo de entendimiento de lo que estaba pasando, pero la gran decisión las tomaron los padres y por esa misma razón no entiendo, no me cabe en la mente el porqué separar a los niños de sus padres y llevarlos a campamentos aparte como si fueran animales. Los niños no tienen culpa de lo que sus padres decidieron o no, hacer.

Lo que más me indigna de este asunto es el vaivén de decisiones que tiene la administración del presidente Donald Trump sobre este asunto. Sí, sabemos la postura que tiene ante este grupo poblacional pero me enfurece el cambia y cambia del proceso a seguir sobre la política de migración porque están jugando con el futuro de miles de personas que sueñan con ser parte de la tierra de la libertad. Esto evidencia el grave problema social que enfrenta la nación americana pues, está demostrado que les es muy difícil lidiar con sus propias divisiones. ¿Qué clase de personas son? ¿Cómo se atreven a hablar y exigir en los

medios internacionales unidad, libertad, progreso y derechos humanos si en su propia casa son igual o peores que aquellos que tanto repudian?

Trump firmó hoy una orden ejecutiva que detiene la separación de familias inmigrantes. ¿Por qué esperar a ahora y no hacerlo desde antes? ¿Decidieron poner esta práctica ante el ojo público para luego pintarse como los más rectos? Si es así (que esperemos que no), es solo un mero acto de política pública barata.

Parece mentira, estamos en el año 2018 y vivimos en el año 500 d.c.

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