La Tierra Prometida

image1 (1)
Del cielo cae granizo.

Llueve cenizas, el río está espeso de rojo oxidado y muerte.
Camino tapándole los ojos a Seba para que no sea testigo de las llagas que corroen el cuerpo de nuestra gente, el hedor del fuego y el interminable polvo. El sabor del polvo es lo último que recuerdo de aquellos escombros.

Recuerdo el millaje que me quedaba por llegar a la tierra prometida,
donde la leche y la miel es abundante, donde el maná cae limpio y celestial. Recuerdo el ardor bajo las plantas de mi pies, y no tener suficiente cuerpo para socorrer a mi hambriento hijo del sol. Recuerdo el calcitrante adelante que nos esperaba, fuera de las plagas, fuera de la crueldad del faraón y la esclavitud, fuera del hambre; caminamos hacia allá, donde en Dios se confía hasta en la moneda. Exhalo en el calor de este purgatorio que Seba no merece. Nos escondemos entre dunas y escorpiones para poder descansar de tanto terror.

Seba ya no me dice que tiene hambre. Hacen días que no se atreve a levantar la voz. Seba solo mueve sus piesitos, uno tras otro, sus dorados rizitos ardiendo bajo el imperdonable día que parece no acabar. Seba ya no tiene ocurrencias, ni hambre, ni descanso. Seba  aprieta mi mano con terror a todo. Ya no se atreve a pedir un sorbo de agua, porque sabe que tenemos que rendirla. Trato de recalcarle que allá vamos a descansar. Allá no hace calor, ni hay arena, allá hay pan. –Recuerdas cuánto te gustaba el pan? Allá hay agua limpia-,  le recuerdo cuando el me decía que no le gustaba bañarse y Seba me responde con una risita triste. Cada día es más pesado, pero Seba es más liviano. Lo acurruco en las noches detrás de cáctuses y zarzas que ya no arden, Seba solloza cuando piensa que no lo escucho. Yo lo hago igual.

Hace poco lo vimos al horizonte, el llano río de agua cristalina que nos lleva a Canaán. Por primera vez en tanto tiempo ví un brillito en los ojos de Seba cuando me dice con voz ronca,–!Mamá! !Mamá! !Mira! !Casi llegamos!-, Y las llagas en los pies, el hambre, y el fuego lo soportamos un poco más. Ya lo podíamos ver, ahí, al alcance de nuestros dedos, la tierra prometida donde todos somos hijos de Dios, donde la esclavitud es abolida, esa tierra de sueños, de potencial, de igualdad, Seba corre hacia el río para refrescarse la frente rojiza y herida. Seba brinca en el río y hace chapuzones con el agua y me hala hacia sí para que juguemos. Y jugamos. Seba y yo jugamos en el llano río que marca el cumplimiento de nuestra sentencia. El agua no es roja o amarga aquí, las piedras son lisas y preciosas. Seba me hala con emoción hacia el otro lado, y cruzamos hacia allá. Allá vemos gente, vemos oficiales, vemos gentuza como nosotros y Seba quiere adentrarse en su nueva comunidad de esperanza. Escuchamos los clamores de la gente, allí, celebrando su paso. Escuchamos voces, hace tanto tiempo que no escuchabamos voces! A Seba ya no le duelen los pies, ni la pansa, ni le queman los rizitos. Seba corre hacia la tierra prometida, donde la libertad es ley.

Estoy viendo camiones reforzados, y me estoy confundiendo. Los oficiales traen armas. Los oficiales estan rodeando los grupos. Los oficiales están deteniendonos. Un frío golpe baja por mi espina y corro donde Seba. Seba está en mis brazos y no entiende por qué lo aguanto, si ya llegamos. Un oficial se nos acerca, y en una extraña lengua nos dirije la palabra, pero nosotros no sabemos que dice. El oficial insite, Seba me aprieta. El oficial se acerca. Arranca a Seba de mis brazos y me somete contra la pared de uno de los caminones. Seba corre donde el tratando de defenderme, el oficial toca mi cuerpo, da palmadas, siente mi sucia camisa, mi desgastado pantalón, me siente, me aprieta, Seba llora a mi lado sin saber que hacer. El oficial hace un llamado a una mujer que lleva su mismo uniforme. Le dice algo y ella nos dirije la palabra. –Tienen visa?, nos pregunta. –Visa? le pregunto. –Para entrar a la tierra prometida? –Sí. Han traspasado. Debemos detenerlos. Caminen por aquí con todos los demás, Nos dice. Seba me pregunta si estoy bien y si estos oficiales nos van a llevar a la entrada de Canaán.  No sé que decirle. Caminamos hacia el camión, subimos. Somos muchos, pero Seba está contento de no tener que caminar más. El camión se detiene. Nos mandan a bajar. Un edificio lleno de verjas de alambre y concreto. Seba está confundido.

Entramos al edificio. No nos dejan salir. Una señora se acerca a Seba y le pregunta si quiere darse un baño. Seba me mira en confusión. Le pregunto a la señora sobre la oferta y ella me dice que están ofreciendole la oportunidad a los niños de darse un baño y cambiarse de ropa. Vemos algunos niños detrás de ella. Seba me mira con miedo y me arrodillo frente a el, lo aprieto y le digo que pronto saldremos a la tierra prometida. Le digo que se refresque en lo que arreglamos el asunto. Le digo que recuerde usar jabón, que se lave el pelo, las manos. Seba me dice que sí. Seba le pregunta a la señora si yo puedo ir y ella responde que la oferta es solo para los niños. La señora le da la mano y se aleja entre el tumulto de este edificio tan raro.

Pasa el tiempo. Seba no vuelve. Estoy sentada en el suelo, y no puedo ver por donde se fue la señora. Camino hacia un oficial, le pregunto donde estan los baños, donde están los niños que se fueron a bañar. El oficial me dice que los niños los han llevado a otra facilidad. Mi corazón comienza a trotar, — A bañarse? le pregunto con terror. Me dice, no. Allí quedan detenidos los niños de los padres que han violado nuestra ley. Mientras procesamos a los ilegales, los niños estarán allí.  -Ilegal? Criminal?.. Mi corazón se derrumba… Mi Seba… Mi Seba! Una terrible ráfaga asalta mi cuerpo, y me enfrento ante el oficial – Donde se han llevado mi Seba?! Demenlo!! Agarro sus brazos, pero el me responde con un golpe. –Quiere añadir asalto a un oficial a su lista de cargos?! me grita. Tengo que salir. Tengo que buscarlo. Miles de padres y madres como yo nos juntamos, gritamos a las verjas y las paredes y las esposas sobre nuestras muñecas hasta desgarrar el pecho, donde estan nuestros hijos?! porque nos hacen esto?! Donde estan?! Devuelvanlos!  Gritamos y gritamos en vano. Las plagas eran mejor que esto. El hambre, el frío, la sed, la dictadura, la esclavitud, eran mejor que esto. Allá por lo menos tenía a Seba en mi brazo. Mio Seba… Mio Seba…

The federal Government loses track of 1,475 migrant children…

Estoy atrapada en esta tierra fría, de paredes de concreto, de crueldad, de arbitraria deshumanización. Yo traje a Seba aquí con la ilusión de leche y miel y pan, y nos engañaron. Dios no promete esto. Seba estará allá, atrapado en una jaula como un perro callejero, sollozando en silencio, sus rizitos húmedos de tanta esperanza derrocada. Y yo aquí me derrumbo al pensar en la posibilidad de que quizás, Seba no vuelve.

 

Yo logré despertar de esa pesadilla.
Yo pude despertar en mi cama, y encontrar a Seba acurrucado a mi lado: dormido, gordito, feliz.

Yo pude despertar.
Pero hay miles que aún no pueden.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.