Equilibrio

puneta

4 de diciembre, 2:04am.
Desperté hace media hora con una extraña y fuerte ansiedad. El tipo de sensación que te da cuando has olvidado algo importante. ¿Dejé la guagua abierta? ¿Dejé la estufa prendida? ¿Llamé para hacer cita?
No, no, sí, si hice la cuenta. No sé qué es, pero es algo insistente.
Ni modo.
Me trae por estos lares, algo que ni el huracán hizo.
Que raro, ¿no? ¿que María ni sus melancolías hayan sido dignas de mi letra?  La verdad es que quizás es al revés. Quizás yo no me sentí digna de su melancolía. Si, eso es. No soy digna de la tristeza que trajo consigo    e intercambió por mis planes, mis metas y mis orgullos. Pero siendo ireverente, mi mente algunas veces toma desiciones contra producentes y arrebató la tristeza del denso aire y la respiró con gusto. Ese es el peligro de la saudade, no es el desamparo, es su delicia.
Es fácil rendirse ante la desesperanza. Es cómodo. (Aún cuando hay esperanza). Es invitante.
Como seguir en negación.
Como correr alrevés.
Como estar en blanco en contra de tu voluntad.
Esa ha sido mi mayor angustia hasta ahora. La barricada mental, la yuxtaposición de una polaridad sobre la otra. Nunca he aprendido a aceptar la mente en blanco como un vacío canvas. Se siente como la ansiedad de estar encerrado en una habitación blanca y acolchonada. Se siente como perder tus memorias, o la reminiscencia de lo que hace esas memorias tuyas. Es la despersonalización de la memoria, observarlas desde afuera mientras desesperadamente corres para alcanzarlas.
Así… Así…

Que catártico
ponerlo en tan extrañas palabras…

Esa barricada no me permite imaginar el futuro.
Lo mas lejos que puedo visualizar es la semana entrante. Quizás un poco más. Pero más allá, mi mente se colapsa en una pantalla blanca y vacía.
Después de tanto deliberar volví a buscar ayuda.
Cuando tomar agua y hacer ejercicio no me funcionó, cuando leer, buscar trabajo, cuando hacer algo que me hiciera sentir útil no funcionó, cuando no podía poner una sola palabra en papel, busqué ayuda.
Ya no sé qué pensar.
Hay palabras clínicas que me describen. Que toman todo lo poético de mí y lo explican. Hay palabras clínicas que describen el andamiaje artístico que contruí para entenderme, para existir con sentido, para ser un ser creador digno de esa dimensión llena de alma y substancia. Hay palabras clínicas que acusan mis polaridades como las culpables de mis barricadas.
Hay palabras clínicas que destripan mis pasiones como desbalances. No encuentro balance y jamás lo he hecho. Vivo en el despilfarro mental de lo que considero los matices, pero el equilibrio nunca me llega.

Equilibrio

Cuando cursaba  la gimnasia 16 años atrás, mis eventos preferidos eran el piso y el salto de caballo. Ambos eventos consistían de una demostración poderosa de acrobacia y combustión. Mis peores eventos eran las barras asimetricas y la viga.
La viga… La viga…
La viga es lo mejor que describe mis peores pesadillas.
Una vida de viga es una vida recta. Plana. Estrecha. De   Balance, de postura, de nada divertido, de absolutamente nada divertido. Excepto si eres valiente. Si te atreves a correr un mortal sobre la viga.
Si te atreves a estirar las puntas, correr en línea recta y caer de manos  sobre la esquina.
Si te atreves, quizás podrías desmontarte agraciadamente.
Si te atreves, porque el truco tendría  una de dos consecuencias:
Un cúbito roto, el hueso protuberando del antebrazo.
o
Una interesante rutina, digna de una puntuación de 8.32.
A la pobre Ashley le tocó la primera opción durante el calentamiento de nuestra primera competencia.
Que mucho odié ese 8.32.
Pero que mucho yo odiaba correr en línea recta.
Que mucho yo odiaba erguirme con una postura antinatura.
Que mucho odiaba moverme con delicadeza.
Con precisión.
Esa, esa es la palabra.
Con precisión..
3:21am.
Ya va una hora desde que comencé a escribir.
Todavía estoy ansiosa.
Ansiosa como el cuerpo que se tensa al momento de recibir un impacto. Pero el impacto no llega, y el cuerpo no se relaja. La mente se sigue preparando para ese golpe, y tu estas a merced de esa paranoia sensorial.
¿Por qué? ¡¿Por qué me siento así?!
Llevo tanto tiempo rebuscando en los archivos mentales y estoy cansada. Estoy demasiado cansada.
 

Soy demasiado joven para esta mierda.

 
Tengo la nuca del cuello apretandose cada vez más, y no sé por qué.
Odio no saber por qué.
Pero a la misma vez quizás podría odiar saber por qué. Lo que odio es no poder hacer nada al respecto.
El trastorno de la bipolaridad suele manifestarse como la oscilación entre la euforia maniáca y la depresión. Como un ciclo, tal vez, entre la mente en blanco y la mente creativa.
Como la bilocación de los sentidos.
Como ser tan cómplice como víctima de la epilepsia
Como oscilar entre la brújula y la ceguera
El amor y la lujuria, el apetito descabellado y el ayuno indiferente.
Como la epifanía y el desgane
Como amar con caos
Como crear y dejar de creer
Pero entonces…
Si soy un desbalance químico en mi cerebro…
Todo esto que soy,
¿Acaso no lo soy?
Si tuviera que tomar una desición en balancearme químicamente…
¿Acaso este yo de arte y poesía dejaría de ser?
¿Acaso mis percepciones de dimensiones poéticas, el comité de voces en mi cabeza, dejarían de ser?
¿Por qué siento un inmesurable terror de perder-me?
¿Por qué lo lloro con un luto irracional?
¿Por qué no acceptarlo, como Jim Carrey?
¿Tan ego-centrica soy que no puedo soltar las riendas de aquello que quizás me hace daño, por agarrarme del arte que es el único yo que me queda?
Le tengo tanto miedo a la paz, que me autodestruyo cuando apenas saboreo una pizca.
La idea de la meditación me causa ansiedad.
Miedo, inclusive.
Sentarme quieta y despejar la mente.
Y para eso mejor escribo.
Mejor escribo…
3:55am.
En dos horas tengo que despertarme.
He llorado muchísimo escribiendo esto, y me molesta.
Me molesta llorar por cosas tan banales, por problemas imaginarios, por ansiedades inventadas, me da una rabia enlutarme por pendejases, pero más aún por no poder detenerlo.
Yo no soy digna de esta tristeza. No he hecho nada para merecerla. Conozco gente que ha perdido sus familiares. Sus hogares.
Mientras yo lo tengo todo, y aquí lloro porque temo perderme a mí.
Me iré a acostar.
Quizás cuando despierte, la ansiedad ya no esté ahí.

Mi adicción a la polaridad llega a consecuencia de mi adicción 
a la inspiración.Porque cuando no tengo palabras estoy muerta. 
Porque la templanza es mi peor enemiga. Porque podría alimentarme 
de la paz pero no podría soportar ser esclava de ella. Porque ya 
soy sierva de mi insignificancia. Porque donde único soy libre 
es en la inspiración. La epilepsia toma timón sobre la estática,
y yo estoy cansada de escucharla permeando mis memorias.
La depresión es la antítesis de la inspiración.
                                                                                          -Momentum, Octubre 19, 2016 
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