Ce n’est pas une Narration

[UNSET]

He reflexionado sobre muchas frustraciones que tengo cada vez que me aislo con mis pensamientos. Esa ansiedad de producir, de escribir, pero sufriendo de la mente en blanco, es uno de esos problemas internos que más me desesperan. Aún conociendo como combartirlo, esta ansiedad siempre me provoca un tipo de asedia espiritual con el arte.

Lo que me trae a la siguiente reflexión:

Todo es Narrable

Escuché a alguien decir eso alguna vez.
Aunque no todo debe ser narrado
Añadí mentalmente después.
¿Cómo se discierne la diferencia?
Quizás la respuesta se encuentra en la plataforma.
Quizás la pregunta no está bien formulada.
Quizás depende de lo que consideres que es la narración.

 

Narración
Del lat. narratio, -ōnis.
1. f. Acción y efecto de narrar.
2. f. Novela o cuento.
3. f. Ret. Una de las partes en que suele considerarse dividido el discurso, en laque se refieren los hechos que constituyen la base de la argumentación.

No soy experta en narratología.
Pero tengo entendido que la narración confiere de una  una mimesis ( o imitación)  de la realidad, pero lo que hace de una historia narrable no es su imitacion, es la capacidad del escritor de saber escoger la compilación de los hechos imitados de la realidad para formular un discurso.

Todo es narrable

Claro. Todo puede ser utilizado como herramienta para llevar a cabo un discurso. Pero,¿ acaso este acto de narración se limita solo a literatura? 
No lo creo así.  El arte visual también lleva solapado en su composicion elementos de narración. Esta es mi congoja. Mi ansiedad de crear con una mente en blanco podría ser esa incapacidad de saber discernir la plataforma para mi narración. Porque mi discurso, aún no ha cambiado.
 
Todo es Narrable.
Pero no todo debe ser narrado con palabras.

Ceci n’est pas un pipe. 

La naturaleza de la expresión decide la plataforma.

¿Cómo mejor se expone la angustia del vacío? 
Tengo varios canvas en blanco en casa.

Hace mucho que no pinto…
Que mucho extraño pintar… 

                 Quizás la ansiedad que siento solo puede ser expresada con colores, con pinceladas fuera de práctica.  Mientras que las piezas de mi vida poco a poco van cayendo en su lugar, cada día redescubro la naturaleza de espiral en la que me desarrollo. Mi pasado nunca es pasado, nunca aprendí a olvidar porque aún cuando escribo nunca paso página, sino que reestructuro mis ideas, mis sentimientos, mis memorias. Es por esta naturaleza que de cuando en vez siento el impulso de seguir añadiendo capítulos. 
 
Estoy demasiado acostumbrada a esta insistencia narratológica, donde hago de mi vida una narración. Porque solo así puedo asignarle un discurso.
Es en el discurso narrativo donde encuentro el propósito existencial que la religión quiso asignarme.
 
A los 14 años cuando apenas comenzaba a escribir recibí esta crítica sobre algunos de mis poemas, y jamás lo olvidaré:

 

Si algún defecto les vi a estos es el hecho (aunque  esto próximo no creo que sea algo negativo sino mas bien algo distintivo) de que tus escritos se concentran en el estilo de ” metáfora individual”, o sea que no sigue un estilo de metáfora que se caracterice por simbolismos ya comunmente utilizados por escritores, sino mas bien un estilo individualista que para el entendimiento del lector es preciso conocerte, conocer de tu vida, puesto que de lo contrario es practicamente bien difícil entender la metáfora de tus escritos.

Me llamó la atención porque al día de hoy, aún escribo así. Se ve en mis escritos del blog, donde le doy consistencia a frases y metáforas a las que me he acogido. Va a la par con la necesidad de la repetición en el arte, algo de lo cual tuve una conversación hace poco. Hay ciertos elementos repetitivos que con cada eventualidad, adquieren una riqueza en significación. No se trata de algo nuevo, sino en la evolución de algo viejo. Un tipo de polisemia retórica que le provee al arte una pluralidad hermenéutica. Cuando me refiero a la Ceguera, la Brújula, La Polaridad, la Musa del Vacío, la Luciérnaga, todos estos conceptos son metáforas que he repetido en mis reflexiones, son mapas de arquetipos establecidos en mis memorias, referencias que solo entienden quienes han leído mis trabajos anteriores. La diferencia entre aquel entonces y ahora, es que hoy en día tengo un mejor entendimiento de como funciona una metáfora, en aquel entonces apenas comenzaba a explorar el juego de las palabras y la naturaleza de los símbolos.

Hoy en día cuando escribo de una forma metafóricamente individualista no me preocupo tanto por el qué estoy diciendo sino por el cómo. Instancia en la que me interesa más saber las diferentes interpretaciones de quien me lee, que si captaron precisamente lo que quise decir.

 
Son instancias en las que sí quiero que el mundo me escuche.
Pero no es imprecindible que me comprenda.
La metáfora individual, considero es la figura retórica que más se acerca a la naturaleza del arte visual.
 
Quizás por eso mi mente se ve en blanco cuando siento ansiedad de producir o expresar algo. Me he acostumbrado tanto a la palabra escrita que he olvidado que en mi cabeza se desarrollan conceptos que no siempre se narran con palabras.
Esta reflexión, solo el hecho de que  la estoy escribiendo es uno de esos momentos donde siento el impulso de escribir más  porque es un ejemplo no de una experiencia nueva sino del redescubrimiento de un concepto viejo a través del presente lente. Es el redescubrimiento de la consistencia de los símbolos que he utilizado para describir mi vida. 
Como la espiral.

Todo es Narrable

¿Cuántas veces debo reescribir mis propias palabras?
¿Cuántos espacios debo rellenar antes de poder calmar esta ansiedad de gritarle al mundo la decepción que sé que será devuelta con un eco de reciprocidad?

Aún la nada es Narrable.

 El hombre inventó conceptos espirituales para compensar por aquel vacío que crea la conciencia. Para compensar por todo aquello que no comprende y jamás comprenderá. Aún al día de hoy nos adherimos a esta insistencia del antiguo occidente que obsesivamente establece que el universo tiene un orden.
El cosmos se abre ante mi para que yo lo narre, y todo es una invención. Una mimesis. Una emulación.
Un argumento.
Y todo esto lo reconozco como un constructo que está fuera de mi alcance, fuera de mi dominio. El precio del saber es el miedo de tener que impotentemente acceptar lo absurdo de esta vida sin propósito asignado.
 
Acceptar que probablemente la cosa se pondrá peor…
El mundo se está cayendo…
Y yo aún aguantandome de este vendaje de invención…
siento que estoy cayendo con el.


We have to accept that no one is showing up
To fix your dolly

 Entonces este vacío que siento dentro, este hueco negro de caos sideral  que es imposible de saciar es tanto mi don como mi infierno.
Porque mi propósito subliminal de existir es rellenar este hueco de musa vacía con un discurso que satisfaga la diégesis de mi vida. Mi tragedia, sin embargo, es la absoluta certeza de que fracasaré.
No importa cuanto Narre.
No importa cuánto crea.
No importa cuanto acepte.
Fracasaré.
Esa es una verdad que me llevaré a la tumba
Junto con mis mejores versos,
Esos que nunca escribiré.
 
 
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